EXPOSICIÓN: 28 DE FEBRERO - 29 DE MARZO DE 2008
 

MICROMUSEO INAUGURA SU
PARADERO HABANA
CON INCISIVA EXPOSICIÓN
DE VÍCTOR CASTRO

 
Derivadas
 
LA IRRUPCIÓN DE LAS ESTÉTICAS RELACIONALES EN EL PERÚ
 

El pasado jueves 28 de febrero, MICROMUSEO (“al fondo hay sitio”) inauguró, en un solo gesto, dos propuestas críticas. O incluso tres. Un nuevo espacio alternativo, una renovada complejidad de obra. Y una casi inédita circunstancia artística: la irrupción local de las estéticas relacionales que en distintos países hoy radicalizan la praxis cultural.
 
Tras años de rutas esporádicas o “piratas”, con recorridos a veces insólitos, MICROMUSEO abre el PARADERO  HABANA, su primera estación estable (vendrán otras). Esto gracias a un generoso acuerdo que le permite usufructuar bajo su nombre y programación el Espacio de Arte anexo al Café Bar Habana, conducido por el también plástico A. Alexis García.

Reconocido por sus respuestas radicales al vacío museal peruano, MICROMUSEO ha generalizado en nuestro medio la propia categoría de arte crítico. Y además la ha potenciado en términos locales con la propuesta insólita de una musealidad mestiza, una musealidad promiscua, donde hasta términos obsoletos como los de “artista” y “artesano” se reemplazan por el de “artífice”, procurando de ese modo significar la crisis de esas y otras distinciones en una cultura crecientemente hecha de lo impuro y lo contaminado.

En coherencia con todo ello, este vehículo contracultural ha deliberadamente escogido inaugurar el PARADERO HABANA con Derivadas (resultantes de un proceso de recolección), exposición culminante de las agudas exploraciones de Víctor Castro en las nuevas condiciones del reciclaje contemporáneo. Condiciones necesariamente sociales y asociativas.

Aunque nacido en México (1974) y residente en el Perú sólo desde hace cuatro años, Castro ha logrado insertarse del modo más incisivo en nuestro medio. Ello debido tanto a la inteligencia de sus propuestas como a la complejidad de sus estrategias de socialización del hecho creativo, articulando la producción del trabajo a nuevas y antiguas comunidades.

Así lo sugieren la argumentación curatorial de la muestra y el rastro procesual de los trabajos allí reunidos. Tan importante como la alta sofisticación estética de las obras expuestas, es la crucial trama de vínculos sociales gestados para la obtención de los desechos post-industriales (botellas y tapas de polietireno) que son su materia prima aparente, plantea el texto de Gustavo Buntinx, chofer de MICROMUSEO y curador de la muestra. “La verdadera sustancia, la materialidad profunda del trabajo de Castro”, sostiene el catálogo, “es la conciencia distinta y la red social que desde él se generan, enlazando amigos y desconocidos, comercios y colegios, en torno a una reelaboración artística y lúdica de compromisos ecológicos urgentes. El rigor y la creatividad así desplegados ubican a nuestro artífice en uno de los vértices de aquellas estéticas relacionales que en los últimos años vienen modificando de modo tan pertinente la discusión internacional del arte”.

“Esa vocación se anuncia en esta muestra desde el propio título que asocia elevadas operaciones científicas a prácticas sencillas pero esenciales de solidaridad artística. Con la naturaleza. Con la comunidad. Derivadas matemáticas, derivas poéticas. Que son también políticas. La ecología como condición terminal de la especie. Y del planeta”.

Todo ello entrelazado con el ineludible referente histórico de las incursiones pioneras de Francisco Mariotti y el taller E.P.S. Huayco en el reciclaje, cuando hacia 1980 identificaron a los infinitos basurales de Lima como nuestro único y vero y fáctico museo de arte moderno o contemporáneo. (Gesto precursor en cuya inspiración se originan algunas motivaciones de MICROMUSEO). Hay, sin duda, un homenaje a esas experiencias implícito en las exploraciones de Castro, pero también una metabolización que actualiza procedimientos y referencias para lograr un desarrollo de hálitos propios: “No la radical utopía socialista de otrora y sus confrontaciones polares, sino la pragmática reparadora de los estragos provocados por nuestros consumidos tiempos consumistas”. “El resultado”, concluye el texto, “es una escultura social cuya densidad nueva sostiene y supera el impacto visual de las esculturas materiales. La inquietud que resta es cómo hacer no sólo óptica sino políticamente tangible esa otra, invisible belleza. Por derivar”.

En respuesta a ese reto, en el PARADERO HABANA las múltiples sugerencias formales y conceptuales de los ensamblajes se articulan con una pieza en elaboración constante que traslada al espacio y al tiempo de la exposición, las poéticas y las políticas de la recolección urbana (“soy un recolector”, es el explícito título del blog creado por el artífice como parte consustancial de su obra). La idea es friccionar el espacio de contemplación con una praxis ritual. Y política.

El PARADERO HABANA de MICROMUSEO se encuentra en la calle Manuel Bonilla Nº 107, Miraflores. Su ruptural horario de atención es de 6 pm. a 1 am., toda la semana salvo el domingo (día de recogimiento espiritual). El ingreso es libre.

 
  Derivadas  
 

Artífice: VÍCTOR CASTRO
http://soy-un-recolector.blogspot.com/
http://galeria.efevece.org/

Curador: GUSTAVO BUNTINX

Lugar: MICROMUSEO (“al fondo hay sitio”)
PARADERO HABANA

Calle Manuel Bonilla 107, Miraflores
(espacio de arte anexo al Café Bar Habana)
Horario: lunes a sábado, 6 p.m. – 1 a.m.
http://www.micromuseo.org.pe
http://micromuseo-bitacora.blogspot.com/

 
 

 

 
 

 

 
 
MUTATIS MUTANDI
MICROMUSEO Y EL RECICLAJE, 25 AÑOS DESPUÉS
 

Francisco Mariotti en los rellenos sanitarios de Lima, buscando materiales para sus reciclajes. ca. 1980.
Fotografía analógica sobre papel: Juan Javier Salazar.
Colección MICROMUSEO (“al fondo hay sitio”).

 

La fantasía originaria de MICROMUSEO (“al fondo hay sitio”) se remonta al hallazgo y rescate, hacia 1983, de una fotografía abandonada entre las ruinas del ya entonces extinto taller E.P.S. HUAYCO. El registro excepcional aunque descartado de los recorridos artísticos por los dantescos basurales de Lima en que el colectivo durante 1980 recolectaba los materiales utilizados para sus obras más radicales –en tanto Francisco Mariotti señalaba a esos infinitos botaderos como el único y vero y fáctico museo de arte moderno o contemporáneo del Perú.

Desde esa inspiración, luego varias veces transformada, MICROMUSEO ha realizado decenas de exposiciones e intervenciones, compensando sus economías paupérrimas con las estrategias populares de la reciprocidad y de la itinerancia. Movilidades comparables a las de un microbús urbano, con rutas esporádicas o “piratas” a las que ahora integramos el PARADERO HABANA como nuestra primera estación oficial y estable.

Fieles al estatuto crítico de nuestro proyecto, inauguramos este paradero contrastando las ilusiones de hace veinticinco años con las comprobaciones actualizadas por Víctor Castro tras las promesas e incertidumbres en las prácticas artísticas del reciclaje. Como señala el texto curatorial en el catálogo de la muestra: "No la radical utopía socialista de otrora y sus confrontaciones polares, sino la pragmática reparadora de nuestros consumidos tiempos consumistas. Nuestros tiempos aún no consumados, sin embargo".

Una confrontación tal vez resumible en la yuxtaposición de aquella mítica fotografía original con la del expositor actual, su Autorretrato con cinco mil tapitas, tomada el 26 de marzo de 2007.

Mutatis mutandi.

 
Víctor Castro.Autorretrato con cinco mil tapitas. 26 de marzo de 1997.
Fotografía digital: Víctor Castro.
MICROMUSEO (“al fondo hay sitio”)
 
PIEZA DEL MES
 
Pieza del mes
José Medina / Anónimo industrial
Escobilla patria (Lava la bandera)
ca. 2000.
Plástico: 9 x 14 x 6 cm., aprox.
Object trouvé / Ready-made:
escobilla de lavado, manufactura industrial.
MICROMUSEO (”al fondo hay sitio”). Donación José Medina, 2007
 

El azar no existe. Fue durante los momentos culminantes de la lucha contra la dictadura de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos que, en sus errancias por las zonas más deterioradas del Centro Histórico de Lima, el paseante, el flâneur José Medina, atisbó en un charco del río Rímac el fulgor enturbiado de una escobilla para lavar ropa –con el emblema nacional peruano configurándose entre las franjas rojiblancas de sus cerdas. Era la segunda mitad del año 2000 y Lava la bandera se había constituido en un multitudinario ritual semanal de limpieza patria para todos aquellos no dispuestos a claudicar en la lucha contra un régimen que parecía recomponer sus relaciones con cierta clase política.

Ese hallazgo y otras pesquisas en los laberintos de la subcomercialización industrial le permitieron a Medina reconstruir la circulación providencial de un objeto masivo que aparece y se extingue en una coyuntura histórica precisa, dejando apenas un par de especimenes sobrevivientes. Uno de ellos –el inicial, el iniciático– fue hace un año generosamente donado por Medina a MICROMUSEO, en atención a sus excepcionales políticas de apertura radical del concepto mismo de arte. Y de revaloración de nuestra cultura material más aparentemente basta.

Síntesis involuntaria de la forma y contenido de una época, esa escobilla se ofrece como un documento excepcional. Un resto, una esquirla de los tiempos dinamitados que catalizan nuestras exigencias más extremas. De arte y de vida y de democracia. De ciudadanía total, de ciudadanía nueva. Por alcanzar.

 
 
 
Derivadas
Mutatis mutandi
Pieza del mes
 
 
 
 
 
 

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