Itinerarios 7-9 - Noviembre 2008
Micromuseo

INAUGURACIÓN: MARTES 4 DE NOVIEMBRE DE 2008

 

TAKANAKUY
PUÑETES Y PATADAS A 3600 M.S.N.M.

ESPECTÁCULARES FOTOGRAFÍAS Y VIDEOS,
CARTELES Y ATUENDOS DE LAS PELEAS RITUALES
EN SANTO TOMÁS Y LLIQUE, CHUMBIVILCAS, QOSQO (CUSCO)

PARADERO HABANA

 
Takanakuy
 

Como parte de los prolongados esfuerzos de Micromuseo por indagar en los orígenes y expresiones culturales de las múltiples violencias peruanas, este martes 4 de noviembre a las 7:30 p.m. se inaugura en su Paradero Habana una exposición insólita: Takanakuy. Puñetes y patadas a 3600 m.s.n.m.

Se trata de un impresionante despliegue de elementos y registros vinculados a las peleas rituales celebradas durante cada Navidad en el poblado de Santo Tomás y en el aledaño caserío de Llique, en las alturas de Chumbivilcas, distanciados de la ciudad del Qosqo (Cusco) por trece arduas horas de dudosa pista y de trocha dizque carrozable. Obtenidos en 2007 por Daniel Contreras y Sophia Durand, los letreros, ropajes, fotografías y videos que conforman esta muestra recorren y revelan muy diversos aspectos de la celebración sangrienta de decenas de retos y duelos individuales alentados por la festiva multitud que especta e incita y participa.

La muestra ofrece así una oportunidad excepcional para adentrarse en este ritual complejo, tan significativo como casi inexplorado, al que sin embargo en ocasiones se le compara con el paradigmático taky onkoy, aquella taumaturgia colectiva a través del baile que del siglo XVI tuvo tan profundas consecuencias religiosas y políticas. Paralelos que aquí se ven enriquecidos por el contraste con la tragedia griega, tal como lo sugiere el antropólogo Harold Hernández en el notable ensayo especialmente realizado para este proyecto, donde opone las violencias del takanakuy a las que enfrentaron a Eteocles y Polinices, los hermanos enemigos cuya rivalidad terrible adquiere dimensiones mortales en la clásica obra de Esquilo, Los siete contra Tebas.

A diferencia de la derrota universal implícita en ese drama, el takanakuy generaliza el triunfo, incluso para los perdedores, al contener y encauzar la violencia entre paisanos. “El takanakuy es la buena violencia que expulsa la mala violencia”, sostiene Hernández: “Y en ese sentido hay una función catártica de las peleas y del flujo o reciprocidad de violencias”. Una violencia que también repara y une, según la visión complementaria de los curadores Contreras y Durand, para quienes “se trata de un rito en el que, a través de puñetes y patadas, se dirimen las cosas: se afianzan o terminan las relaciones, se pierde una mujer, se gana un hombre, un caballo, una vaca, un pedazo de tierra. En resumen, una catarsis colectiva que anualmente ajusta, regula, los engranajes de esta sociedad campesina”.

A la importancia tanto testimonial como teórica de esos aportes se le suma el impacto también formal y artístico de las precisas imágenes expuestas junto a los llamativos carteles y atuendos creados por los campesinos para sus propias necesidades de expresión y representación. El conjunto así logrado fricciona las categorías discriminadas que suelen segregar a nuestra praxis cultural en absurdos compartimentos estancos. Entre tantas otras cosas, esta muestra propone un avance adicional en las arduas batallas libradas por Micromuseo por la desjerarquización de cualquier noción mistificada de arte, reintegrándolo sin privilegios a la condición más amplia de cultura material de la que necesariamente forma parte.

En ese espíritu, la exposición se inaugura con un despliegue actualizado de retos y duelos a realizarse en el mismo espacio exhibitivo por los bravos hijos de Chumbivilcas radicados en Lima. (Quienes asistan lo harán a su propio riesgo).

Por cierto, aunque sin proponérselo, Micromuseo programó este ritual para una fecha que marca los doscientos veintiocho años de la sublevación de Túpac Amaru II.

El azar no existe.

 
  Takanakuy  
 

Inauguración y lucha:
Martes 4 de noviembre de 2008, 7:30 p.m.

Curaduría, investigación, fotografías, videos:
Daniel Contreras / Sophia Durand

Ensayo antropológico: Harold Hernández Lefranc

Diseño de catálogo: Sophia Durand

Diseño web: Enrique Ortiz

Asistencia de montaje: Jesús De La Cruz

Agradecimientos: Gustavo Buntinx, Naguib Ciurlizza, Francisco Contreras, Juan Cancio Márquez, César Durand,
Ana Fernández, Fermín Fernández, Washington Gallegos y familia, Agripina y Jesús Huayllani, Mabel Medina,
Marcelino Molina y familia, Juan Ninaquispe,
Radio Oriente, Radio Qorilazo.

(Esta exposición está dedicada a los bravos luchadores
de los poblados de Santo Tomás y Llique)

Lugar: MICROMUSEO (“al fondo hay sitio”)

Proyecto acogido por el Espacio de Arte
del Café Bar Habana
Calle Manuel Bonilla 107, Miraflores

Horario: lunes a sábado, 6 p.m. – 1 a.m.
(Domingo: día de guardar).

http://www.micromuseo.org.pe
http://micromuseo-bitacora.blogspot.com/

 
 

 

 
 
Pieza del mes
 
 

Leo [César Vallejos Yupanqui]

Takanakuy

ca. 2007
Pintura sobre triplay: 59 x 100 cm.
MICROMUSEO ("al fondo hay sitio")
Donación Daniel Contreras / Sophia Durand, 2008

 
Takanakuy
 

Hasta las zonas más agrestes del llamado Perú Profundo llegan las técnicas y los materiales y los íconos de nuestra sociedad cuasi-urbana, semi-industrial, sacha-cosmopolita. (Post)moderna, avant et aprés la lettre. Códigos y dispositivos trasnacionales que al penetrar son penetrados por las propias estructuras tradicionales así socavadas y al mismo tiempo reconstruidas.

Como en el takanakuy, un violento ritual navideño de luchas personales pero colectivas, cuyo origen algunos remontan hasta el taky onkoy del siglo XVI o hasta tiempos prehispánicos. Esa grave tradición adquiere una vitalidad insólita al injertarse con la mitología banal de la televisión y de la historieta, incluso del halloween, sin perder sus referencias primordiales. Máscaras ancestrales, de complejas estructuras simbólicas, alternando con los rostros de Frankenstein o el Hombre Lobo, cuando no con John Cena y otras figuras norteamericanas de la lucha libre hecha simulacro y espectáculo. Los sentidos más trascendentes bajo los ropajes más aparentemente comerciales y pueriles.

Mestizajes fecundos que actualizan las reciprocidades implícitas en los procesamientos de la violencia encauzada por esta alianza y lucha, de cuerpos y de imágenes. Así lo insinúa un elocuente cartel obtenido por los investigadores Daniel Contreras y Sophía Durand, integrantes de nuestro Taller de Mecánica, al participar como foráneos casi únicos en las experiencias de takanakuy realizadas durante la Navidad de 2007 en Santo Tomás y Llique, pueblos altoandinos de Chumbivilcas, Qosqo (Cusco).

Puñetes y patadas a 3600 m.s.n.m. (sobre el nivel del mar) es precisamente el subtítulo de la exposición de Micromuseo (“al fondo hay sitio”) en la que ellos reúnen los registros y reliquias de esa vivencia. En el conjunto de la muestra adquiere importancia propia este letrero, producido y exhibido en Santo Tomás por César Vallejos Yupanqui, artífice de la zona más conocido como Leo, un pseudónimo que combina sugerencias zodiacales y totémicas.

En coherencia con ese apelativo, mucho en esta pieza habla de las influencias urbanas de cierta artesanía publicitaria que desde las barriadas de la capital se irradia a todo el país. A esas influencias responden sin duda sus materiales (madera triplay, pintura sopleteada, esténciles), pero también algunos aspectos icónicos (la tipografía, las doradas estrellas de marquesina). Todo ello, sin embargo, se articula a una estructura dual, casi estrictamente simétrica, que algunos querrán caracterizar como andina. El moderno despliegue cinematográfico de las letras sanguíneas se distribuye en torno a la centralidad acaso ominosa de una máscara tradicional. Y hacia ambos costados se extiende la presencia dinámica de los luchadores exaltados como guerreros por sus vistosos chumpis (fajas) y las impresionantes qarawatanas de cuero casi fetichista.

Es sugerente la relación de continuidad entre esta imagen sincrética, mestiza, con el antecedente de un dibujo sin fecha pero a todas luces antiguo, publicado en 2006 por la revista qosqeña (cusqueña) Liwi. En él los atuendos se muestran más tradicionales y “nativos”, privilegiando las alusiones animistas de las cabezas zoomorfas o de as fibras vegetales. Ya parecen asomar, sin embargo, las qarawatanas. Y la composición es otra vez la de una oposición complementaria, donde la violencia de los gestos no excluye la posibilidad del abrazo.

Como aquel que, aún hoy en día, abre y cierra el ritual, reparador a la vez que sangriento, del takanakuy. Lucha y reconciliación. También de culturas. Como en este letrero incisivo.

(Gustavo Buntinx)

(La documentación completa de la exposición
Takanakuy. Puñetes y patadas a 3600 m.s.n.m. puede encontrarse en nuestra página web: www.micromuseo.org.pe/rutas/habanatakanakuy/)

 

 

 
 
 
Pieza del mes
 
 
 
 
 
 

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