Imágenes rotas, imaginerías reconstruidas. Sumballein es la raíz griega tras la etimología de la palabra símbolo. Con ella los antiguos aludían a, entre otras cosas, la identidad surgida del acto de juntar o reunir las partes de un amuleto previamente quebrado para facilitar el reconocimiento mutuo de quienes custodiaban sus fragmentos. El concepto se vincula a los rituales de sectas y sociedades secretas, adquiriendo incluso una connotación religiosa que se prolonga en los usos posteriores del término. Como se prolonga también en la labor de artífices que hacen del quiebre y recomposición de sus obras un abismamiento espiritual y filosófico para el quehacer plástico.
Carlos Runcie Tanaka es quien con mayor rigor e insistencia ha intuido las posibilidades y desafíos de esa praxis específica. Tal vez por la propia identidad personal que surge de ancestros británicos y japoneses relacionados en tierras peruanas. Como se relacionan y mezclan tradiciones culturales varias en su vasta producción cerámica, entrecruzando registros artísticos y artesanales, utilitarios y estéticos. Estrategias otra vez friccionarias que se enuncian mediante el rescate sistemático de piezas reventadas o rotas, castigadas por el fuego o por el azar objetivo –pero de inmediato valoradas en su presencia fisurada, exaltando la herida en el gesto mismo que la repara. |