Yo no me llamo Juanita
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Yo no me llamo Juanita

 
 

Yo no me llamo Juanita propone la CONFRONTACIÓN del arte con algunas de sus fronteras más densas: la RELIGIÓN, la TAUMATURGIA, la ÉTICA. Una exposición que se ofrece también, por momentos, como una OBLACIÓN. Y una PROTESTA múltiple: contra ciertas arqueologías improvisadas, contra algunas irresponsables museografías, cuyo EXHIBICIONISMO a veces OBSCENO de los despojos mortales de nuestros antepasados desborda cualquier interés científico, propiciando incluso la PERVERSIÓN política.

El título es la traducción literal de la frase inscrita en una obra paradigmática realizada por Fernando Bryce en 1998. Apenas un tríptico de dibujos escuetos que, sin embargo, derrochan elocuencias CRÍTICAS: "Ich heisse nicht Juanita" -así, en alemán- murmura sarcástica pero RABIOSAMENTE, desde su rictus sagrado, el cuerpo congelado de la niña incaica -la Doncella de Ampato, la Ampato Colla- SACRIFICADA hace siglos a la tierra y sus ERUPCIONES, pero PROFANADA por la espectacularización de los medios y los simulacros de la política. Con fines tan escandalosos como espurios: durante la DICTADURA de FUJIMORI y MONTESINOS, esa CAPACCOCHA, esa suprema ofrenda indígena, fue burdamente presentada bajo el nombre de "JUANITA" en un inverosímil circuito de ferias del Japón, exhibida con fines comerciales "como si se tratara de un FENÓMENO CIRCENSE", al impecable decir de la entonces legisladora María Ofelia Cerro. Acaso uno más de tantos tributos anticipados por ENCUBRIMIENTOS futuros. Y la demostración patética de la CRISIS SACRIFICIAL (René Girard) que recorre y remueve a nuestra historia reciente.

Todo ello se encuentra condensado en la imposición de un apelativo CASTELLANO que niega y burla el origen QUECHUA de la sacrificada. Un nombre ABSURDO que hasta revistas extranjeras con cierta vocación por lo llamativo -National Geographic- suelen obviar buscando fórmulas y tratos más RESPETUOSOS: "The Ice Maiden", la DONCELLA DEL HIELO. Todo un aleccionador contraste con los usos RACISTAS locales, como los que aún hoy increíblemente propicia el Museo Santuarios Andinos de la Universidad Católica Santa María de Arequipa. La forzada identificación de "Juanita" adquiere rango OFICIAL en el discurso de sus visitas guiadas y publicaciones, al igual que en la inacabable parafernalia de los souvenirs allí ofrecidos -incluyendo cierta muñeca MACABRA encogida con torpeza en una diminuta CÁMARA FRIGORÍFICA de pacotilla.

 
 
 

Es contra esa indecible VIOLENCIA -cultural y política- que esta muestra convoca a plásticos diversos pero comprometidos con la EXHUMACIÓN crítica de las historias ENTERRADAS bajo un apelativo denigrante. Una denuncia y al mismo tiempo un ritual de RESURRECCIÓN. Una energía que el arte DESATA como un manto (funerario), como un MANTRA (genésico): hay una feroz cualidad HIPNÓTICA en el movimiento eternamente PENDULAR del cuerpo de Ana Zavala en el ÁUREO video elaborado por ella y Óscar Naters mediante la reiteración INFINITA de un solo movimiento. Una emoción, una PULSIÓN registrada durante la coreografía concebida por ambos en 1995 bajo el nombre compartido del grupo Íntegro, poco después de la IRRUPCIÓN ancestral en el Ampato.

 

Íntegro (Óscar Naters / Ana Zavala). Juanita.
1995 - 2005. Performance (reelaboración de registro en video).
 

Aunque con un aliento parecido, las propuestas de otros artistas prefieren desembocar en complejas reinterpretaciones gráfico-pictóricas del MANTO FUNERARIO, ese soporte privilegiado de la religiosidad pre-hispánica. En Paracas on-line, el dramático cuadro de Armando Williams, una grave ESPESURA de pinceladas al óleo sirve de fondo para el delineado fino con que la reiterada imagen del dios DEGOLLADOR, el dios de las serpientes, propone un ritmo de rutilancias logradas mediante sucesivas aplicaciones de pan de oro. Álex Ángeles, en cambio, prodiga sobre el lienzo un virtuoso manejo de la serigrafía resignificada mediante la pintura para un BARROCO pero prolijo DESBORDE de imágenes relacionadas a la taumaturgia andina. El resultado es un impresionante TEJIDO ICÓNICO dominado por la presencia SEMINAL y fálica del maíz erecto entre sanpedros, MOMIAS y hojas de COCA.

 
 
 
 
 

Marta Arroyave traslada esta decisiva referencia última a la MATERIALIDAD misma de su obra, confeccionando un insólito, un precioso Manto cocario, primorosamente cosido con la propia hoja SAGRADA. Una EXALTACIÓN artística que es también religiosa. Una REPARACIÓN ritual y simbólica. En un doble registro similar se ubica la ofrenda que Carmen Reátegui elabora mediante -otra vez- un lecho de coca y la delicada talla de piedras de Huamanga (de HUAMANGA), convertidas así en tubérculos marmóreos evocativos de hielos y chuños. De la FRUCTIFICACIÓN de la tierra. Y de la RESURRECCIÓN de sus culturas reprimidas, tiernamente (des)envueltas en una rústica BANDERA peruana, asociable también a la impresionante lliclla cuyos sorprendentes colores ROJO y BLANCO protegían de los fríos eternos a la doncella inca. La niña cuyo FULGOR SACRIFICIAL se insinúa aquí en los destellos de una solitaria papa vegetal, bañada en pan de ORO pero casi en su totalidad oculta por los ALABASTROS que la rodean.

 
 
 
 

Un "pago-pagapu" que Luz Letts y Eduardo Tokeshi derivan hacia claves más urbanas al reconfigurar ese cuerpo ORIGINARIO mediante la acumulación de MODERNAS prendas y accesorios femeninos entre arenas sugestivamente dispuestas en una vitrina. Y recubriendo -encubriendo- todo ello, un VELO de transparencias níveas desplaza la idea de los glaciares hacia la inquietante extrañeza de esa emoción ominosa que Freud denomina UNHEIMLICH. La arqueología de lo contemporáneo es aquí también una contra-arqueología de insinuaciones MESIÁNICAS perturbadoramente actuales.

 
 

Como el INQUIETANTE despliegue museográfico que Claudia Coca hace de la camisa demasiado real (no "realista") de un estudiante DESAPARECIDO. Una instalación sin duda inspirada en las terribles imágenes de VELORIOS SIN CUERPO que con tan desgarradora frecuencia golpearon nuestras retinas durante la GRAN VIOLENCIA aún reciente. En un horizonte similar se ubica la idea del DESENFARDAMIENTO reinterpretada por Alfredo Márquez como el DESEMBALAJE casi industrial del registro fotográfico de una de las EXHUMACIONES realizadas por el equipo de antropología forense de LA COMISIÓN DE LA VERDAD Y RECONCILIACIÓN. La escogencia del título es capital: N.N. También aquí el problema de la DENOMINACIÓN es el de la REPRESIÓN -en tantos sentidos del término. Cadáveres demasiado ACTUALES confundiendo sus formas con las de la muerte más remota. Y PRIMORDIAL.

 
 
 
 
 

Ausencias transformadas en LATENCIAS. Un suspenso de sentidos EMERGENTES hasta entre los destellos baratos de la masificación comercial. El AURA que el fetichismo de la mercancía tritura pero también desperdiga. Como en el COSTAL de cincuenta kilogramos de harina que ostenta como marca industrial el nombre y la efigie de un INCA, con insólitas espigas de trigo EUROPEO incorporadas a su MASCAIPACHA, su autóctona borla imperial. Un híbrido ready-made evidenciado en toda su ambivalencia TELÚRICA por Susana Torres al exhibirlo escenográficamente bajo el incisivo título de Fardo Inka. Es crucial que el performance de esa artista también rescatado para esta exposición se llame Mallki: bajo la densidad de ese término quechua se acumulan los sentidos aparentemente contrapuestos de  MOMIA, FETO  y SEMILLA.  Como  en  la exhibición desnuda que Torres hace de su cuerpo voluminosamente GESTANTE en una vitrina arqueológica sometida al asombro y la admiración -también la INSOLENCIA- de millares de miradas provocadas así al reconocimiento inconsciente de una indignación ancestral.

Como la experiencia de esta propia muestra. Para decirlo otra vez y en los términos más EXPLÍCITOS: la exposición se ofrece como una reivindicación ARTÍSTICA que es al mismo tiempo ÉTICA. Y RELIGIOSA. Una reparación ritual. Tan arqueológica como contemporánea. Y personal: YO NO ME LLAMO JUANITA.

 
 

Coda

lch heise nicht Juanita es en realidad parte de un grupo de tres piezas que comenta y completa al Bosque de rocas, sin duda una de las piezas decisivas del complejo proyecto artístico que Fernando Bryce ha célebremente denominado "MUSEO HAWAI". El tríptico incorpora también una escueta semblanza de las misteriosas figuras TOTÉMICAS en la Isla de Pascua bajo la explícita frase "Yo no soy Kon Tiki". El conjunto se cierra con un exabrupto LIBERADOR: el lema "Frente de Liberación Cuchimilco" (FLC) sirve de CONSIGNA al gesto expansivo de una de esas características figurillas prehispánicas de la cultura Chancay trivializadas por ciertas modas de la decoración y sus estéticas de la FALSIFICACIÓN. Un SUBVERSIVO aire vital parece así animar, mediante muy simples pero sólidos grafismos, formas que se creían ya irreversiblemente vaciadas, asimiladas, CONGELADAS.

Un aire incluso MESIÁNICO, vinculando en un solo aliento lo INSURRECTO y lo RESURRECTO. "Brazo militante del Museo Hawai" es cómo una comunicación privada del artista define al FLC. La irrupción redentora de lo reprimido contra esas FETICHIZACIONES oficiales de la historia que hacen del Perú un sórdido gabinete de curiosidades. O un ominoso bosque de rocas.

Una patética isla de la fantasía. (Neo)COLONIAL.(1)

 
 

"LOS PUEBLOS INDÍGENAS TIENEN EL DERECHO DE MANIFESTAR, PRACTICAR, DESARROLLAR Y ENSEÑAR SUS TRADICIONES ESPIRITUALES Y RELIGIOSAS, SUS COSTUMBRES Y CEREMONIAS; EL DERECHO DE MANTENER, PROTEGER Y TENER ACCESO PRIVADO A SUS SITIOS RELIGIOSOS Y CULTURALES; EL DERECHO AL USO Y CONTROL DE OBJETOS CEREMONIALES; Y EL DERECHO A LA REPATRIACIÓN DE SUS RESTOS HUMANOS. LOS ESTADOS DEBERÁN TOMAR MEDIDAS EFECTIVAS, EN CONJUNTO CON LOS PUEBLOS INDÍGENAS INVOLUCRADOS, PARA GARANTIZAR LA SEGURIDAD DE LOS LUGARES SAGRADOS INDÍGENAS INCLUIDOS EN LOS SITIOS ENTERRATORIOS, QUE DEBERÁN SER PRESERVADOS, RESPETADOS Y PROTEGIDOS".

DECLARACIÓN DE LOS DERECHOS DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS DE LAS NACIONES UNIDAS, ARTÍCULO 13, PARTE III.

 
 
Notas
 
1. Agradezco al arqueólogo Pedro Pablo Alayza por su estimulante compañía durante la visita al Museo Santuarios Andinos de la Universidad Católica Santa María de Arequipa. Es a él que le debo la denominación alternativa de Ampato Colla para la niña sacrificada en el valle del Colca.
     
     
     
     
 
Paradero
Portada
Ensayo curatorial
Ausencia, presencia, violencia
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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