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Ruinas de El Frontón.
Fotografía de Giancarlo Scaglia
2014

POÉTICAS DEL RESTO II

MELANCOLÍAS DE LA VIOLENCIA
EN LA OBRA DE GIANCARLO SCAGLIA
Y MAYA WATANABE

Gustavo Buntinx

- I -

La contemplación de la ruina es ya una marca de época
en algún registro sensible de nuestra actualidad peruana.
Ruinas demasiado presentes:
los fragmentos de un pasado no remoto ni inmediato,
cuya tragedia mayor se remonta veinticinco años
pero nos habita como memoria todavía personal.
Aunque con la distancia necesaria
para construir una emoción de melancolía
ante los restos de la ultraviolencia fundamentalista
que recorre y corroe a la República de Weimar Peruana (1980-1992).
Y la competencia de horrores que ella desata.

Es el enigma y trauma de esa historia propia
lo que cierto arte procura ahora sublimar.
Como en un trabajo de duelo.

El resultado son las poéticas del resto,
categoría concebida por Micromuseo
para empezar a nombrar la sensibilidad en común
diversamente sugerida por obras
que se aferran a la materialidad fáctica de la huella.
Y a las políticas de lo indiciario:
su simbolización artística desde los recursos no de lo icónico
─la representación figurada─
sino del rescate vestigial de aquello que perdura
sólo como trozo y rastro.
El elemento sensorial y físico que delata una pérdida.
Su presencia-por-ausencia.

Nuestra república mnemónica,
la memoria misma, hechas pedazos.

 Tal vez su alegoría más concreta
sea la monumentalidad derruida
de la antigua isla penal de El Frontón,
visible desde las costas de Lima y El Callao.

Desde sus restos
─a veces con ellos mismos─
se viene articulando una emoción nueva en el arte peruano.
Una estructura de sentimiento
que deviene estructura de lenguaje.
Articulada no desde la convicción política
sino desde la duda poética.

Para así reflexionarlo Micromuseo reúne ahora
─y tensiona, y entrelaza─
dos producciones paradigmáticas.
Un fragmento estratégico de Escenarios,
la sobrecogedora videoinstalación de 2014
realizada por Maya Watanabe.
Y las últimas intervenciones de Giancarlo Scaglia
en El Frontón, resumibles bajo el nombre cósmico de Stellar.

Ambas propuestas friccionadas
por las sugerencias propias
de la arquitectura escenográfica, esquizofrénica,
del espacio que ahora nos acoge,
oscilante entre la pretensión neoclásica
y el brutalismo industrial.

El contrapunto de estos ambientes
─y de sus deterioros─
 bien podría actuar como una puesta en abismo
de toda la exposición.

De las poéticas del resto todas.

Maya Watanabe
Vista de El Frontón
Fotograma de la video-instalación Escenarios
2014

- II -

La videoinstalación de Maya Watanabe
dramatiza magistralmente la técnica morosa del plano secuencia:
el discurrir continuo de la cámara
que sostiene la complejidad de un recorrido
prolongado en una sola toma sin cortes o interrupciones.

Una técnica aquí amorosa
de acercamiento melancólico a la distancia
que en nuestra historia marca la presencia inexplicada de la ruina.
El escenario (Escenarios es el título de la pieza)
de la memoria recuperada sólo como fragmentos.
Lentamente atisbados.

En plural.
La obra es en realidad la captura gradual
de un espacio habitado tan sólo por el abandono y la bruma.
Como el islote bombardeado de El Frontón.

“Imágenes medio perdidas en mi memoria personal”,
explica la artífice,
“pero que a la vez son parte de una memoria colectiva".
“Los escombros de lo pasado, lo que arde sin nunca apagarse”,
como de hecho a lo lejos se incendia un automóvil
en otro de los videos concebidos en este proceso.

Atención, en algunas de las tomas,
a los muros entintados que son la marca fúnebre
de las huellas de la metralla capturadas por Giancarlo Scaglia
en los papeles amortajados.
que configuran la segunda parte de esta exposición.

Muros entintados de las ruinas de El Frontón
durante la elaboración de Stellar
2014-2016
Fotografía de Giancarlo Scaglia

- III -

A partir del año 2011
la obra de Giancarlo Scaglia se compromete libidinalmente
con las latencias mortuorias de las ruinas de El Frontón.

Un conjunto que se torna decisivo
al definir la materialidad de sus trabajos en los escombros mismos,
y ya no sólo en su representación o registro.
Con la densidad adicional
proporcionada por la experiencia vital
que sustenta esa decisión artística:
tras radicar su taller en la cárcel destruida,
e incluso pernoctar intermitentemente en ella,
su producción abarca algunos poderosos cuadros sombríos
─“marinas”─,
pero sobre todo restos que él selecciona
como esculturas fácticas o para instalaciones abstractas.

También como matrices para la imprimación
de los muros baleados en enormes papeles albos,
mediante densos pigmentos negros.

El negativo sobrecogedor de las perforaciones dejadas por la metralla.

Y la proyección astrológica de sus constelaciones así avizoradas:
Stellar es el nombre cósmico que ilumina estas superficies negras.

Atención a las connotaciones religiosas
de los resultados plásticos.
Así entintadas, esas paredes destacan ahora entre las ruinas
como lápidas rotundas, visibles desde el mar y desde el cielo
 (como de hecho lo evidencia el video de Watanabe).

Y los grabados lúgubres se nos ofrecen casi como lienzos.
O mortajas.

Una evocación
─múltiple y desorbitada─
del Santo Sudario.

La matriz teológica de las poéticas del resto.

Giancarlo Scaglia
De la serie Stellar
2014-2016
Imprimaciones de muros abaleados
con tinta sobre papel japonés

 
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