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Sandra Gamarra / LiMAC
El Museo de Arte borrado
(d’aprés Emilio Hernández Saavedra, 1970)
2008-2009
Óleo sobre tela: 220 x 200 cm
MICROMUSEO (“al fondo hay sitio”)
Donación: Sandra Gamarra
Obra especialmente comisionada
al LiMAC (“Museo de Arte Contemporáneo de Lima”)
por MICROMUSEO (“al fondo hay sitio”)
para la exposición Lo impuro y lo contaminado III en la Trienal de Chile

Hasta apenas un par de años, Lima era casi la única capital latinoamericana que ostentaba la ausencia funcional de un museo de arte exclusivamente contemporáneo. O siquiera “moderno”. Nuestro gran vacío museal.

Ya en 1970 Emilio Hernández Saavedra supo prefigurarlo al utilizar un catálogo como soporte de obra para El Museo de Arte borrado: una fotografía intervenida en la que el entonces tradicional y genérico Museo de Arte de Lima desaparece del contexto urbano dejando como huella un elocuente recorte en blanco.

 

Emilio Hernández Saavedra
El Museo de Arte borrado
1970
Offset sobre papel: 22 x 21.80 cm
MICROMUSEO (“al fondo hay sitio”)

Un vacío. A ser colmado. Culminado: para entender el vacío museal peruano es necesario hurgar al mismo tiempo las museotopías construidas sobre esa falta, esa ausencia, ese abismo.

Ese hueco: el vacío museal puede también ser eróticamente percibido como algo que clama por ser llenado. Donde hay un vacío hay un deseo. A veces realizado. Como en los varios desarrollos del LiMAC (“Museo de Arte Contemporáneo de Lima”), concebido por Sandra Gamarra mediante una ficción en internet que se prolonga fácticamente hacia pinturas propias de obras ajenas así incorporadas a este museo imaginario y personal. O a museotopías otras.

Es el caso de la gran versión en untuoso óleo-sobre-tela de la ironía gráfico-conceptual de Hernández, un cuadro especialmente comisionado al LiMAC por MICROMUSEO como una de sus piezas icónicas. Un guiño cómplice con algunos sistemas anteriores de esta artífice, por lo general concentrados en la apropiación pictórica no de obras originales sino de sus reproducciones en libros y postales. Una opción deliberada cuya criticidad lúdica se exacerba ahora al necesariamente invertir sus procedimientos para re-producir como pieza única esta imagen cuyo original es una copia. Un folleto offset borrosamente impreso en modesto blanco-y-negro.

“Defectos de origen” que el pincel de Gamarra preserva con un casi preciosismo. Un virtuosismo técnico exaltado por la superposición de dos registros aparentemente opuestos de seducción plástica: el contraste entre la limpia ilusión fotográfica ofrecida por esta pintura a la distancia, y el contenido desborde de fluidos y brochazos que perturban su visión cercana.

Atención al subtexto íntimo de esos derrames pictóricos que exceden al pulcro recorte del perfil museal para humectar al lienzo casi entero con una película lechosa. Una lechada tan sutil como incitante, gestualmente corrida encima de la composición más amplia. Como una descarga corporal que salpica la sobria ironía intelectual de Hernández.

Se necesitaba esa suciedad, esa turbiedad final en el chorreado de lubricidad pictórica sobre el referente impreso. Parte de un imperativo plástico mayor que además amputa de la imagen original la frase inscrita como descripción o título. Y resalta el otro recorte de un monumento fálico en el borde inferior del mismo documento.

Tales raptos son, sin duda, una marca de época sobre todo lo pasionalmente transcurrido desde el conceptualismo frío de hace cuatro décadas. Con una diferencia también política, que sin embargo se diferencia de las referencias incendiarias de otras reacciones al vacío museal generadas durante los años del conflicto armado interno, nuestra guerra incivil iniciada en 1980. Como en el flamígero museo en llamas (¡viva la redundancia!) con que en 1990 Jaime Higa incendia la propia idea de futuro. Y de pasado (“PASADO MAÑANA PASADO MAÑANA PASADO MAÑANA”). En el arte y en la historia. Signo de los tiempos.

 

Jaime Higa
Museo de Arte en llamas
1990
Pastel (Jaime Higa)
y serigrafía (colectivo Restauración / No Restauración) sobre cartulina:
61 x 49 cm, aprox.
MICROMUSEO ("al fondo hay sitio")

No es un dato menor el que la obra de Higa se haya realizado sobre la serigrafía generada para la exposición Restauración / No restauración. Una resignificación crítica de los deterioros del Museo de Arte Italiano articulada desde cierta interrogante provocadora: “¿Qué significa hacer museología en un país que se desmorona?”.

Inquietudes muy asociadas a las exploraciones continuas de Micromuseo. Que adquieren ahora densidades otras.*

Notas
 

* Restauración / No restauración fue el título de un conjunto de intervenciones realizadas desde los espacios y colecciones del Museo de Arte Italiano, bajo la curaduría general de Gustavo Buntinx y con ocho coordinadores de área: Álex Ángeles, Adolfo Cornejo, Mónica González Tobón, Miguel Lescano, Alfredo Márquez, Susana Torres y Enrique Wong, además del propio Buntinx. A esos nombres el equipo de trabajo sumaba los de Michelle Beltrán, Claudia Cancino, Jennifer Gaube, Carlos Montoya, Isolda Murillo, Jorge Quiroga, “Chino”, “Eddie” y “Toño”. Juan Javier Salazar asistió a las etapas iniciales del proyecto. Además hubo una nómina amplia de colaboradores y apoyos, así como de acompañamientos musicales (Col Corazón y Piero Bustos), consignados todos en el volante que con gran esfuerzo logró publicarse en aquel momento. La exposición se inauguró el 15 de octubre de 1990. Espero poder pronto rescatar y publicar los materiales de esa experiencia compleja.

 

 
   

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